A LA NUEVA JUNTA

A la nueva Junta, que aún no padece de cansancio.

Estoy leyendo un libro que lleva por título El cansancio de los buenos, de Roberto Almada. Lo compré por dos motivos:

  1. Porque me voy encontrando en mi vida ministerial y pastoral con gente buena y hasta muy profesional, pero cansados de ser buenos.
  2. También, porque está escrito desde la perspectiva de la Logoterapia, línea psicológica de Víktor Frankl, con la que sintonizo.

Con el mejor deseo de captar bien el espíritu de la hermandad y a la vez integrarme en el entorno de la religiosidad popular a través de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas, vengo observando durante este año, y gratamente os veo muy entregados,  con talante juvenil al servicio de la Hermandad; se percibe el entusiasmo y el buen hacer,  no habiendo atisbado aún signos de cansancio. !Ojalá no decaiga vuestro buen hacer por mucho tiempo!

Pero a la vez que iba hilvanando estas ideas, me surgió una pregunta ¿y por qué razones, esta ‘buena gente’, hace todo esto?

Trato tan solo de imaginarme los motivos,  porque aún no he escuchado las respuestas personales, pero me surgen los siguientes: ¿por qué son de esa  ‘buena gente’ de la que habla el Evangelio, por herencia familiar, por costumbre, por experiencia, por gusto, porque es lo que aprendisteis de vuestros mayores, o por darle actualidad a la Hermandad y dejarla mejor que la recibisteis?, … Es bien cierto que aún no se llega a sentir  la razón y el motivo de la rutina, pero ¡atentos! que la rutina invade fácilmente el cada día de todo ser humano, y además, el peso de más de sesenta años de historia debieran llenaros de orgullo, más que de tradición rutinaria y cansina.

Por eso precisamente me animo a salir al paso de ese posible ‘cansancio de los buenos’, y os digo, aún con temor, con mucha humildad y hasta abusando de vuestra confianza: ¡ánimo, seguid adelante! que creo que vais por buen camino;  ¡no os canséis, vivid con pasión y con convicción cuanto hacéis por la Hermandad!, pero, ¿cómo? Simplemente fortaleciendo o añadiendo  a los motivos y argumentos antes citados, el que cuanto hacéis, lo hagáis por convicción personal, porque os lo pide vuestra  propia FE en Jesús Flagelado y doliente, y también porque os lo reclama vuestra devoción a María, que comparte con su Hijo la misión hasta el final, dándole así renovado valor al sufrimiento.

Pues poniendo en ellos la razón de cuanto hacéis, sabed que no sólo repercute positivamente en vuestra vivencia personal, sino también en la de todos los cofrades, porque es mucho el bien y el testimonio que dais, no tanto con todo lo que hacéis, sino con la manera cómo lo hacéis.

Que estas palabras, salidas del corazón de vuestro consiliario, nos ayuden, a todos y cada uno, a desempeñar con convicción nuestro rol dentro de la Hermandad, y, a vivir con profundo sentido cristiano la procesión del Miércoles Santo.

Con afecto entrañable

                                                                                    Rodolfo Pérez