Jesús, un hombre con «P» de Pasión

1. La vida es apasionante, dice el mundo.

– La vida del ser humano está movida por sus pasiones.
– Estas pasiones se articulan en conceptos contrapuestos.
– Cuando una de las pasiones se hace la más importante, se introduce el desorden en la vida. La sociedad consumista actual concede la máxima importancia a tres necesidades o pasiones fundamentales de la persona (las tres «P»):

– La pasión del bienestar consigo mismo: PLACER. – La pasión del tener cosas: POSEER.
– La pasión del dominio sobre los otros: PODER.

2. La vida es apasionante, dice Jesús.

Jesús propone dar la máxima importancia a la «P» de Pasión:

– La pasión por la Vida, desde el DARSE.
– La pasión por el Reino, desde el COMPARTIR.
– La pasión por la persona humana, desde el SERVIR.

3. La tragicomedia de la vida
La vida se vive como comedia cuando se realiza en la apariencia; cuando se simula, cuando se aparenta. Y una vida, vivida desde la apariencia produce risa y, al final, desencanto.
La vida se vive como tragedia cuando se realiza en la verdad; cuando se acepta y se conforma
la realidad. Y una vida, vivida desde la autenticidad produce sufrimiento, pasión, muerte, pero al final plenitud y felicidad.
Cristo no vivió la vida como una comedia, buscando evadirse de la realidad y vivir de apariencias. Cristo se encarnó en su tiempo y con su gente. Asumió la realidad que le rodeaba y sufrió con las personas que sufrían, compadeciéndose, padeciendo con ellas. Su vida fue una tragedia: asumió los malos tragos de todos los que sufrían. Llevó nuestras cargas, cargó con nuestras culpas, asumió nuestros sufrimientos y dolores.
La tragedia alcanzó a Cristo en su propia carne. Su pasión o compasión por los demás Llegó hasta tal punto que se convirtió en pasión propia. Cristo es condenado por rebelde y blasfemo, y
padece muerte en cruz hasta el derramamiento de la última gota de su sangre. Hasta su entrega total, incluso a la muerte y una muerte en cruz.
4. Pero el drama de Cristo termina con la alegría de la Resurrección.
Pero la tragedia de Cristo no acabó en el desencanto de la muerte, sino en la alegría de su resurrección el día de Pascua. Su Pasión ha sido fuente de Vida, y de Vida eterna. La tragedia de Jesús se abre al futuro del hombre y de la historia. De esta manera, Dios le daba la razón. De esta manera, el planteamiento de vida de Cristo de entregarse por amor a los demás hasta la muerte, se convertía en el camino más auténtico para la propia madurez y felicidad personal y para la liberación de nuestro mundo.
Desde la resurrección de Cristo, el mundo de las tres P (placer-poder-poseer), se ha convertido
en una comedia vacía, que manipula por fuera y vacía por dentro. Y la opción de la P de Pasión, expresada en el Darse-Compartir-Servir, se ha convertido en una tragedia que libera por fuera y llena de felicidad por dentro.
¿Quién se atreve a compartir la Pasión de Cristo por la vida, por el hombre, por el Reino?

EL REBELDE

En aquel tiempo -como en todos los tiempos-,
los hombres pensaron que era más feliz quien más tenía, Pero vino un rebelde y dijo:

No. Es más feliz quien más comparte.
En aquel tiempo -como en todos los tiempos-,
los hombres pensaban que era más feliz
aquel que encontraba razones para la venganza,
que no se dejaba pisar,
que decía que sus derechos tenían que ser respetados, pasase lo que pasase,
pero vino un rebelde y dijo:

No. El camino de la felicidad
pasa por la no venganza y el perdón,
por la aceptación de la diversidad
y por la renuncia, a veces, a los propios derechos.

En aquel tiempo -como en todos los tiempos-, los hombres pensaban que eran más felices las gentes del hartazgo y la satisfacción,
pero vino un rebelde y dijo:

No. El camino de la felicidad
pasa por seguir hambreando todavía, por la búsqueda y por la insatisfacción,

En aquel tiempo -como en todos los tiempos-, solía pensarse que eran más felices
los hombres que más reían,
los que menos golpes habían sufrido en la vida, los que menos lágrimas hablan derramado, aunque otros hubieran llorado por su causa. Pero vino un rebelde y dijo:

No. El camino de la felicidad pasa siempre por el dolor, los hombres que han sufrido
ven el mundo purificado.

En aquel tiempo -como en todos los tiempos-, los hombres solían pensar que eran más felices los que no se sentían salpicados
por el llanto de los demás,

los que no se mezclaban con los asuntos de nadie,
los que eran capaces de decir: «Ése es problema suyo», pero vino un rebelde y dijo:

No. El camino de la felicidad
pasa por el compromiso,
por un corazón sintonizador,
un corazón en el que encuentran eco todos los dolores de los hombres.

En aquel tiempo -como en todos los tiempos-,
se solía pensar que la felicidad pasa
por el río revuelto de las ganancias de pescadores,
por aquellos que son capaces de aprovechar
la coyuntura de este mundo para sacar una cierta ventaja. Pero vino un rebelde y dijo:

No. Son más felices los hombres capaces de sembrar paz a su alrededor,
aunque eso les traiga pérdidas,

En aquel tiempo -como en todos los tiempos-, se pensaba que eran más felices
los hombres del disimulo y la diplomacia,
los que aprendían a fingir,

Pero vino un rebelde y dijo:
No. El camino de la felicidad pasa por la sencillez.
Son felices los hombres que tienen los ojos transparentes, aquéllos que tienen un corazón limpio
a través del cual se ve a Dios.

En aquel tiempo -como en todos los tiempos-,
sé pensaba que eran más felices
los hombres que en la balanza de la vida
colocaban en un platillo los haberes y en otro los ideales y habían aprendido prudentemente

a ceder un poquito de los ideales
con tal de conseguir algo sustancioso. Pero vino un rebelde y dijo:

No. Felices los que se mantienen fieles al ideal

aún a costa de perder seguridades
Y entonces se juntaron los hombres del tener y la venganza, los hombres del hartazgo y de la risa,
los hombres de la indiferencia y del aprovechamiento,
los hombres del fingimiento y del desencanto,
y declararon al rebelde:

Peligroso

Y entonces se juntaron
los hombres del compartir y la no-violencia,
los hombres del hambre y de las lágrimas,
los hombres de la misericordia y la pacificación, los hombres de la sencillez y la fidelidad al ideal, y dijeron del rebelde:

¡Está loco!